Reflexiones

Y ¿por qué no?

Últimamente, hay una pregunta que me asalta a menudo: “y ¿por qué no?” Quizás lo hayas notado en mi página de ¿Quién soy?…Y es que, de hecho, me parece una interrogación de lo más acertada porque ¿cuántas veces nos construimos una barrera llena de excusas para no luchar por lo que queremos? Yo, por lo menos, solía hacerlo muy habitualmente.

Sin embargo, he decidido cambiarlo. Cada vez que nos decimos que no a nosotros mismos, a nuestras metas, a nuestros objetivos estamos privándonos de la posibilidad de conseguirlo. Puede que otros nos digan que no, pero ¿por qué habríamos de hacerlo nosotros antes siquiera de intentarlo? No, me niego. (Así entre nosotros, por favor, que alguien me vaya preparando una cama elástica bajo el precipicio por si las moscas).

Sí, porque el vértigo no se va, no se esfuma por mucha ilusión que tengamos, pero podemos controlarlo, mantenerlo a raya para que no sea él el que se adueñe de nuestros pasos.

La cuerda fina por la que me estoy moviendo últimamente (sí, como la de los equilibristas del circo) es mi sueño de convertirme en escritora. Es una superficie delgada que apenas me proporciona estabilidad, que me da miedo, pero que me apasiona como nunca antes ha conseguido ninguna otra cosa en el mundo. Así que, ¡estoy dispuesta a luchar por ello! Y si no, ¿por qué no? ¡Que el fin del mundo me pille bailando!

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Aunque lo que más me gusta escribir son novelas históricas, quiero que este blog me sirva para compartir, con todo aquél que se pasee por aquí, relatos cortos y otros textos que ya he escrito, así como otros muchos que me quedan por escribir.

Espero que alguno de ellos te sirva para entretenerte en alguno de esos momentos aburridos del día (como el trayecto en metro, tren o autobús) o en ese instante de sofá-manta-té o ¿por qué no? en ese lapso de tiempo en el que te olvidas del mundo y te quedas tieso en el centro de tu habitación mirando el móvil (revisando sanamente las stories de Instagram y otros asuntos serios) hasta que tu madre/tu padre/tu herman@/ tu pareja/tu compañer@ de piso te dice algo como: ¿estás bien? Y tú levantas la cabeza y respondes: ¿eh? Y el minuto siguiente en el que, aunque ese ¿eh? ha sido más una especie de graznido, tu madre/tu padre/tu herman@/tu pareja/ tu compañer@ de piso te sigue apreciando (un aplauso para ellos, por favor).

Así que, sin más dilación, doy por cerrada esta entrada-presentación y me pongo manos a la obra para preparar la siguiente y ¿por qué no? Seguir haciendo lo que más me gusta: escribir.

¡Un abrazo, lect@r desconocid@!

María.

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